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viernes, 21 de enero de 2011

El objeto espejo


La envidia es un sentimiento negativo  muy común que hace sufrir enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos como a sus víctimas. 

Este  tipo de reacción puede ser consciente e inconsciente o formar parte de un síntoma neurótico. 

En cualquiera de los casos, la envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar.

El envidioso es un insatisfecho, bien sea por inmadurez, represión, frustración,  que consciente o inconscientemente siente mucho rencor  y odio contra las personas que poseen algo  (bien sea belleza, dinero,  sexo,  éxito, poder, libertad,     amor,     personalidad, experiencia, felicidad, entre otros.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o percatarse de sus deseos y facultades y darles curso a su verdadera evolución, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación.  En otras palabras, la envidia es como dicen unos autores "la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus sueños, prefiere eliminar la competencia".

Hay muchas otros factores que originan la envidia  y esta pudiere haber sobrevenido desde la infancia, cuando el niño empieza a relacionarse con el grupo familiar, cuando se siente amenazado en su territorio y tiene un vacío  en lo que más quiere y desearía conseguir a toda costa todo lo que no posee o cree que no puede poseer. Viene dada por las comparaciones, las críticas, las ofensas, el dominio, el rechazo, la difamación, la agresión, la rivalidad, el odio, la venganza y es que suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad como por ejemplo ansiedad, trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima, entre otros. 

En las relaciones personales,  la envidia está involucrada en conflictos y rupturas. a nivel sexual, emocional y en el plano de fertilidad de las mujeres, la envidia alimenta el machismo, ya que es el alimento del morbo. La envidia de los  resentidos estimula sus violencias ya que no los llevará al esfuerzo de superar o alcanzar lo que el otro tiene, sino que se recrea en su impotencia  y odia sin medida al poseedor. La envidia entre las mujeres  las lleva  a competir por talento, belleza, moda, etc, pero casi siempre viene dada como consecuencia de la baja autoestima, provocada por la inseguridad de la auto derrota emocional.  
 
Entre los valores más envidiados suelen encontrarse el reconocimiento, el prestigio, desempeño ocupacional y profesional, dinero, poder, posesiones materiales y como reacciones fruto de la envidia encontramos por ejemplo a enfermos que envidian la rebosante salud de aquellos que son más sanos; cuando hay problemas económicos, envidian  a los que nadan en abundancia; los que están tristes  envidian a los que llevan puesta una sonrisa. 

Y es que la envidia encadena una  lista de reacciones negativas, donde se mezclan  emociones contradictorias por el simple deseo de tener lo que el otro tiene; la admiración por lo que ha obtenido el otro; el dolor por no tenerlo; la indignación por considerar injusta la diferencia que se observa entre el envidiado y el envidioso, la perturbación o incertidumbre por no entender a qué se deben esas diferencias.
Por otra parte, la envidia de los narcisistas y avariciosos robustece a "sus "audiencias ya que el narcisita experimenta un hambre infatigable de destacar, de ser el centro de atención en todo lugar y momento, de ganar protagonismo,  de quedar bien por encima de todo y de todos; de ser el "más" y el "mejor" en toda circunstancia y debido a ello, muchas personas se sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia  contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. Ya no sólo es que los demás tengan cosas que ellas desean, es que las desean precisamente porque los demás las tienen. Este sufrimiento condiciona la personalidad del envidioso, de su estilo de vida y su felicidad.

La personalidad del narcicista se caracteriza por un modo de conducta que lo incapacita para ver al otro, por un patrón o visión  grandiosa de sí mismo, al cual todo el mundo debe someterse y obedecer sus puntos de vista. Las cosas más intrascendentes o de poca importancia, si se les ocurren a él o a ella, deben ser vistas suma admiración  y adulación y se jacta al manifestarla. Lo limita para poder reflexionar y valorar la realidad de la vida. Se miente a sí mismo y a los demás. Vive preocupado por su actuación y por su hambre de reconocimiento para llamar la atención. De llegar a ejercer cargos importantes, se rodearán siempre de personas que condicionalmente sean inferiores a ellos. 

Hay una frase que no está muy lejos de la realidad,  la cual señala que la envidia va unida a la admiración y que cuando admiras a alguien, siempre quieres ser como él. Cuando alguien admira, se ilumina, se llena de alegría, cuando alguien se llena de envidia, se torna amarga, propensa a indignación, triste, ensombrecida, nada le es suficiente, sólo detesta, odia y quiere quitar a los demás que lo tienen.

Otro sentimiento que puede ir de la mano con la envidia son los celos, pero son muy distintos. La envidia nace de las carencias de la persona, que quiere destruir al "objeto espejo" a costa de lo que sea, mientras que los celos, nacen del miedo a perder el afecto de la persona que se ama y que se quiere conservar. 

 La envidia sólo se cura reconociendo y resolviendo las propias carencias y facultades, a través de un proceso de crecimiento emocional, sanando y perdonando desde el corazón.
En otras palabras cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. 


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