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lunes, 24 de enero de 2011

Las personas espejo.


 
Las máximas, como le llamo yo, han indicado que todo lo que gira en nuestra vida nos refleja; es decir, que cuando nos miramos al espejo, lo primero que  vemos es nuestra imagen, nuestro cuerpo;  y  es que a veces,  por el ritmo de vida que llevamos, no nos detenemos a pensar que se puede ver más allá que una simple imagen, que podemos mirarnos internamente, y dependiendo del estado emocional en que nos encontremos, llámese alegría, tristeza, nostalgia, vacíos, paz, serenidad, estrés, etcétera, podríamos meditar y  reflexionar sobre cómo nos vemos nosotros mismos y cómo nos ven los demás.  
Cada espejo nos muestra un desafío, una enseñanza o un aprendizaje en nuestras vidas, y generalmente el primer estímulo que mueve es el de asombro, perturbación, rabia, desconcierto, un sentimiento de minimización o victimización dependiendo del caso; para luego pasar a ignorar al "asunto", como  reconocimiento al rechazo que provocan en ellos;  sin pensar por un momento que ese choque de actitud o comportamiento que estamos viendo en esa otra persona, es nuestro propio reflejo,  y eso es algo que necesitamos sanar para equilibrar nuestra paz interior.
Y es que estos espejos tienen distintas formas de manifestarse: Unos dicen quererte,  dicen tenerte afecto, otros te odian, otros te ignoran y otros simplemente no te determinan.  Unas veces ves en ellos una versión mejorada de ti, otras  veces  buscas en ellos residuos de viejos ideales, otras veces ves de reojo la silueta de alguien que  te pareció aceptable y que en el fondo quisieras imitar,  otras veces, ves competencia en personas que sin proponérselo, te quitan ese protagonismo que tanto deseas; en otras no ves sino desolación, soledad, ganas de ser aceptados, personas derrotadas,  personas desgastadas por el paso de los años, otras en igual condición pero que simulan ser  personas jóvenes.... y es que en este tribunal supremo de la vida encontraremos un sinfín de personalidades con distintos comportamientos  y espejos diferentes.

Hay ocasiones que sólo vemos en otros defectos y debilidades que nos hacen juzgarlos y criticarlos inmediatamente y es allí donde debemos prestar  suma atención  entre lo que pensamos, decimos y hacemos;  pues hay situaciones donde decimos, “es que fulanito de tal se pasa todo el día criticando", "es un desagradecido", mira como se viste" mira como habla, bla, bla, bla....”, siempre destruyendo con sus críticas, con sus burlas, la vida de los demás; pero por qué no  reconocen que "fulanito de tal  es una persona brillante,  emprendedora, exitosa, amable,  generosa,  …".  Y es que a veces es inevitable, porque ya se ha vuelto cotidiano en algunas personas criticar por criticar, señalar, burlarse, echarle leña al fuego  descuerando a otra persona. A todos nos afectan las malas críticas. Aquel que destruye con sus críticas la vida de los demás, tarde o temprano su vida será destruida con  malas energías. Hablar bien de los demás es beneficioso para la salud mental. Llénate de energías positivas, preocúpate por tí, por evolucionar tú, por sanarte tú. Empieza ahora, no pienses que es tarde para crear un nuevo hábito en tu vida, dale tu mismo el giro que necesitas para evolucionar, preocúpate por ser una mejor persona.

Es importante con quien nos relacionemos en nuestro entorno, hacer lazos verdaderos. Y es que en la medida de cómo veamos a los demás,  cómo nos expresemos  de los demás, como ver eso que tanto nos molesta en los demás, podremos ver realmente como somos nosotros mismos, ya que ellos evidencian nuestras propias resistencias y como no tenemos la valentía de reconocerlas, se las endosamos a otra persona,  resultándonos más fácil el juzgarlos y criticarlos . Recuerda que con la vara que midas, serás medido y como nos juzguemos nosotros mismos, seremos medidos por los demás. Evalúate y evoluciona.

 De nada vale alejarse de las personas pensando que ellos son los que tienen problemas, porque realmente no es así, lo que se nos está diciendo de una  u otra manera es que hay algo en nosotros que no está bien, que somos nosotros mismos los que debemos cambiar, hay algo en nuestro comportamiento, algo en nuestra forma de actuar, algo en nuestra forma de ver y afrontar la vida que no nos permite crecer, evolucionar, progresar y desarrollarnos como mejores personas.

Pienso que para liberarnos y corregir esas actitudes que no nos  permiten sanar internamente, tenemos que primero escudriñar en nosotros mismos qué es aquello que no nos gusta de otras personas, qué es eso que provoca esas reacciones y actitudes en nosotros, si de verdad queremos cambiar esa "bipolaridad" (por llamar  de alguna manera a esos cambios  inusuales  en nuestro comportamiento) que tanto nos afecta . Hay que perdonar; hay que asumir con  conciencia, amor y humildad esas heridas que te están impidiendo crecer y desarrollarte. Hay que reconocer y asumir todas esas viejas creencias, reacciones  y actitudes para corregirlas y sanarlas; pues de lo contrario estaremos atrayendo una y otra vez esos espejos "negativos" en nuestras vidas. 

Es tiempo de sanar y equilibrar todas aquellas energías y aprendizajes que nos impiden evolucionar y progresar. Pedirte perdón, pedir perdón a la persona que criticaste, juzgaste o que viste como competencia  sin serlo. (Ojo!!! No es necesario que se lo digas a la persona directamente si la situación no lo permite), díselo interiormente desde el corazón:  Yo, fulano de tal, te pido perdón por ver en ti, lo que realmente no te  pertenece…… y agradecer a esa persona por ayudarte a ver el polvo que no permitía mostrar el brillo que hay en ti. Perdónate, pide perdón y mucho agradecimiento. 

El cambio debe venir de ti y automáticamente verás cómo cambia tu entorno y la gente te empieza a ver y a percibir de otra manera. Cuando nos enfocamos en nuestro propio cambio, nos convertimos en espejos donde los otros pueden mirarse. No basta con sólo alejarte de situaciones o personas que te incomodan porque al final, siempre estarás repitiendo el mismo patrón de conducta de aquellas personas,  pero en un lugar distinto. Mientras no cambies dentro de ti, terminarás atrayendo a tu vida más de lo mismo que odias o desprecias. Recordemos que más allá de las apariencias seguimos siendo nosotros mismos, no juzguemos, no critiquemos. 


Pero ojo!!! existen otros espejos, que son los llamados "enemigos declarados", de los cuales simplemente hay que huir,  pues aún cuando tú sanes internamente, no dejarás de ser resistencia para ellos y no dejarán de verte como competencia si no sanan ellos mismos;  este tipo de personas no cesarán de darte cuchilladas desde todos los ángulos apenas cruces la puerta. 

Se necesitaría  un camión de humildad para aceptar el desafío de este tipo de personas llamadas “espejo”. Darnos cuenta que mas allá de la reacción inmediata proveniente de nuestro propio ego, podemos reaccionar y actuar con el corazón, para resolver y sanar todo tipo de conflictos en nuestras vidas; pues,  un porcentaje de la vida se te va en ir reflejando tu imagen o figura en esas vitrinas que vemos a diario de las demás personas y que con el tiempo va generando  menos interés en ser adquirida. 
  
No te desgastes, se  sincero, se tu mismo, se auténtico, acéptate tal como eres y la vida te lo devolverá en la misma tónica.
  
 “TU OPINION SOBRE EL MUNDO ES LA EXPRESIÓN DE TU PROPIO CARÁCTER“. Ralph W. Emerson.

viernes, 21 de enero de 2011

El objeto espejo


La envidia es un sentimiento negativo  muy común que hace sufrir enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos como a sus víctimas. 

Este  tipo de reacción puede ser consciente e inconsciente o formar parte de un síntoma neurótico. 

En cualquiera de los casos, la envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar.

El envidioso es un insatisfecho, bien sea por inmadurez, represión, frustración,  que consciente o inconscientemente siente mucho rencor  y odio contra las personas que poseen algo  (bien sea belleza, dinero,  sexo,  éxito, poder, libertad,     amor,     personalidad, experiencia, felicidad, entre otros.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o percatarse de sus deseos y facultades y darles curso a su verdadera evolución, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación.  En otras palabras, la envidia es como dicen unos autores "la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus sueños, prefiere eliminar la competencia".

Hay muchas otros factores que originan la envidia  y esta pudiere haber sobrevenido desde la infancia, cuando el niño empieza a relacionarse con el grupo familiar, cuando se siente amenazado en su territorio y tiene un vacío  en lo que más quiere y desearía conseguir a toda costa todo lo que no posee o cree que no puede poseer. Viene dada por las comparaciones, las críticas, las ofensas, el dominio, el rechazo, la difamación, la agresión, la rivalidad, el odio, la venganza y es que suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad como por ejemplo ansiedad, trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima, entre otros. 

En las relaciones personales,  la envidia está involucrada en conflictos y rupturas. a nivel sexual, emocional y en el plano de fertilidad de las mujeres, la envidia alimenta el machismo, ya que es el alimento del morbo. La envidia de los  resentidos estimula sus violencias ya que no los llevará al esfuerzo de superar o alcanzar lo que el otro tiene, sino que se recrea en su impotencia  y odia sin medida al poseedor. La envidia entre las mujeres  las lleva  a competir por talento, belleza, moda, etc, pero casi siempre viene dada como consecuencia de la baja autoestima, provocada por la inseguridad de la auto derrota emocional.  
 
Entre los valores más envidiados suelen encontrarse el reconocimiento, el prestigio, desempeño ocupacional y profesional, dinero, poder, posesiones materiales y como reacciones fruto de la envidia encontramos por ejemplo a enfermos que envidian la rebosante salud de aquellos que son más sanos; cuando hay problemas económicos, envidian  a los que nadan en abundancia; los que están tristes  envidian a los que llevan puesta una sonrisa. 

Y es que la envidia encadena una  lista de reacciones negativas, donde se mezclan  emociones contradictorias por el simple deseo de tener lo que el otro tiene; la admiración por lo que ha obtenido el otro; el dolor por no tenerlo; la indignación por considerar injusta la diferencia que se observa entre el envidiado y el envidioso, la perturbación o incertidumbre por no entender a qué se deben esas diferencias.
Por otra parte, la envidia de los narcisistas y avariciosos robustece a "sus "audiencias ya que el narcisita experimenta un hambre infatigable de destacar, de ser el centro de atención en todo lugar y momento, de ganar protagonismo,  de quedar bien por encima de todo y de todos; de ser el "más" y el "mejor" en toda circunstancia y debido a ello, muchas personas se sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia  contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. Ya no sólo es que los demás tengan cosas que ellas desean, es que las desean precisamente porque los demás las tienen. Este sufrimiento condiciona la personalidad del envidioso, de su estilo de vida y su felicidad.

La personalidad del narcicista se caracteriza por un modo de conducta que lo incapacita para ver al otro, por un patrón o visión  grandiosa de sí mismo, al cual todo el mundo debe someterse y obedecer sus puntos de vista. Las cosas más intrascendentes o de poca importancia, si se les ocurren a él o a ella, deben ser vistas suma admiración  y adulación y se jacta al manifestarla. Lo limita para poder reflexionar y valorar la realidad de la vida. Se miente a sí mismo y a los demás. Vive preocupado por su actuación y por su hambre de reconocimiento para llamar la atención. De llegar a ejercer cargos importantes, se rodearán siempre de personas que condicionalmente sean inferiores a ellos. 

Hay una frase que no está muy lejos de la realidad,  la cual señala que la envidia va unida a la admiración y que cuando admiras a alguien, siempre quieres ser como él. Cuando alguien admira, se ilumina, se llena de alegría, cuando alguien se llena de envidia, se torna amarga, propensa a indignación, triste, ensombrecida, nada le es suficiente, sólo detesta, odia y quiere quitar a los demás que lo tienen.

Otro sentimiento que puede ir de la mano con la envidia son los celos, pero son muy distintos. La envidia nace de las carencias de la persona, que quiere destruir al "objeto espejo" a costa de lo que sea, mientras que los celos, nacen del miedo a perder el afecto de la persona que se ama y que se quiere conservar. 

 La envidia sólo se cura reconociendo y resolviendo las propias carencias y facultades, a través de un proceso de crecimiento emocional, sanando y perdonando desde el corazón.
En otras palabras cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta.