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jueves, 24 de febrero de 2011

Quién eres???






Quise llamar tu atención con la presentación de este nuevo blog al que denominé ¿Quién eres????, con el propósito de pasearnos por ese falso Yo que sustituye a tu verdadero Yo,  por esa creación de alter ego que nos quita identidad y asume el control de nuestras vidas, llamado EGO; y preguntándome hasta qué punto el ego ha trasformado tu vida sin que te des cuenta, por qué muchas veces haces cosas y reaccionas de la forma y manera equivocada, por qué el ego hace que tu vida se vuelva un tanto difícil de manejar y en qué forma manipula tu proceso de toma de decisiones.
En principio quiero que sepas que es  imposible vivir sin ego, pues es una parte de tu alma, pero sí podemos controlarlo. El ego es el encargado de vigilar; supervisar; cuidar de la salud física, emocional y psicológica de nuestro ser. Por esta razón, toda clase de sensaciones, son recibidas y monitoreadas por el ego, que es quien decide cómo reaccionar ante los estímulos. Es el que rige sobre los instintos, las emociones y la mente e influye notablemente sobre las ideas y el pensamiento.
Una de las cualidades o modos en que se presenta el ego es a través de las APARIENCIAS, y en la actualidad, mantenerlas se ha vuelto factor prioritario y predominante para nuestro ego. Para lograr conservar esas falsas apariencias dictadas por el ego llenamos nuestra vida de problemas y complicaciones que son totalmente innecesarias, logrando al final una vida llena de dificultades, inconvenientes, angustias, estrés y hasta de enfermedades, todos ocasionados por el miedo a la desaprobación de quienes nos rodean.
A la mayoría de las personas influenciadas por el ego, no les interesa “lo que son”, sino “cómo los ven”, qué imagen  (aunque no sea objetiva) proyectan hacia las demás personas. Hoy día, no es raro etiquetar a las personas según los esquemas y espectativas que proyectamos sobre ellas, pasamos por alto como qué y quienes son realmente. De allí que las personas de nuestra  sociedad actual se lanzan a participar en esa aventura de las apariencias, en el típico afán de causar una mejor impresión a los demás. 
Todos somos especiales ante los ojos de Dios, por lo tanto, nadie necesita etiquetas, tu ego te ha hecho creer que ERES lo que las etiquetas dicen y eso no es cierto. Tienes que empezar a desprenderte de esas etiquetas que te has pegado a lo largo de la vida. Hemos llegado a jugar a las exhibiciones económicas, para competir por una absurda imagen o forma social, sólo para sentirte bien contigo mismo, es decir que te estás midiendo con los demás en función de lo que tienes. (cuanto tienes, cuanto vales). Atención: No te enfermes, eso no es vida, esa es una carrera sin fin, y no podrás alcanzar la tranquilidad interior  ya que siempre habrá personas que tengan más y más que tú.
Impregnados por el ego, creemos que llorar o expresar nuestro amor  a otros nos hace vulnerables; creemos que necesitamos proteger nuestra imagen real, nuestra propia esencia, esconder  y enmascarar nuestros sentimientos y emociones ante los demás, creyendo que solamente por mostrarlos, nos hará más débiles al descubrirse nuestra verdadera identidad, nuestros miedos, nuestras carencias o inseguridades; sin embargo, todos estos rasgos son comunes en todas las personas, sin distinción de razas, condición o estatus social; pues las emociones son universales.
En ocasiones el exceso de ego, nos lleva a perder oportunidades o simplemente aleja a personas que pueden ser importantes en nuestras vidas, por no ser capaces de pedir perdón, reconocer una carencia o expresar un sentimiento a tiempo. Por culpa de ese ego perdemos confianza, respeto, influencia, cariño y desarrollo profesional.
Como bien lo representé en la imagen, el ego tiene muchas caras, muchos disfraces, porque es un embaucador, adulador y manipulador, nubla la razón y el entendimiento, toma el control de lo que pensamos, creemos, sentimos y decidimos. Nos ha llevado a hacer cosas que realmente no queremos, a reaccionar en la forma equivocada, con el objeto de obtener reconocimiento, poder, prestigio y aprobación.
En esencia, el ego es  un yugo que cargamos desde que nacemos, nos ha deslumbrado durante muchos años, porque está en nuestra mente y conoce todo lo que conocemos; claro, tú lo defiendes porque desconoces su existencia en tí y el daño que te hace, pero eso es sólo hasta hoy.
Recuerda que el ego, es un estado mental que tú mismo has construido sobre ti y que va cambiando contigo. El es tu demonio interno, que se sube a tu hombro y te aconseja utilizando los juicios y el miedo para que le sigas en sus planteamientos con respecto a tus semejantes. El ego se apodera de nuestra personalidad al punto que empaña cada conversación, cada pensamiento, cada acción o relación y muchas veces es lo único que de nosotros se puede ver. Nos caracteriza y nos hace sufrir.
Cuando nos aceptemos tal y como somos, gordos, flacos, negros, blancos o azules, crecerá  nuestro amor propio  y aprenderemos a valorar todo lo que está a nuestro alrededor, empezando por nosotros mismos; pues la carencia de autoestima, va a verse reflejada en nuestra propia insatisfacción y es allí cuando se utilizan las caretas para sentirnos poderosos y aceptados en un grupo social determinado.

A través del correcto manejo del ego, lograremos preservar nuestra paz interior, de lo contrario la frustración y el estrés serán quienes controlen nuestros procesos de toma de decisiones, ocasionando una vida llena de conflictos, angustias e inestabilidad. Nosotros como personas no le mentimos a los demás, nos mentimos a nosotros mismos. Cultiva tu propio ser interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe  en el Universo. Evita criticar, juzgar o evaluar a los demás. No trates de manipular y controlar a los otros. . No impongas tu punto de vista, da oportunidad a los demás de expresar también sus pensamientos. Escucha con respeto y atención, aunque no estés de acuerdo. Conviértete en tu propio maestro, vence la resistencia del ego, equilibremos el ego  y seamos auténticos.

lunes, 24 de enero de 2011

Las personas espejo.


 
Las máximas, como le llamo yo, han indicado que todo lo que gira en nuestra vida nos refleja; es decir, que cuando nos miramos al espejo, lo primero que  vemos es nuestra imagen, nuestro cuerpo;  y  es que a veces,  por el ritmo de vida que llevamos, no nos detenemos a pensar que se puede ver más allá que una simple imagen, que podemos mirarnos internamente, y dependiendo del estado emocional en que nos encontremos, llámese alegría, tristeza, nostalgia, vacíos, paz, serenidad, estrés, etcétera, podríamos meditar y  reflexionar sobre cómo nos vemos nosotros mismos y cómo nos ven los demás.  
Cada espejo nos muestra un desafío, una enseñanza o un aprendizaje en nuestras vidas, y generalmente el primer estímulo que mueve es el de asombro, perturbación, rabia, desconcierto, un sentimiento de minimización o victimización dependiendo del caso; para luego pasar a ignorar al "asunto", como  reconocimiento al rechazo que provocan en ellos;  sin pensar por un momento que ese choque de actitud o comportamiento que estamos viendo en esa otra persona, es nuestro propio reflejo,  y eso es algo que necesitamos sanar para equilibrar nuestra paz interior.
Y es que estos espejos tienen distintas formas de manifestarse: Unos dicen quererte,  dicen tenerte afecto, otros te odian, otros te ignoran y otros simplemente no te determinan.  Unas veces ves en ellos una versión mejorada de ti, otras  veces  buscas en ellos residuos de viejos ideales, otras veces ves de reojo la silueta de alguien que  te pareció aceptable y que en el fondo quisieras imitar,  otras veces, ves competencia en personas que sin proponérselo, te quitan ese protagonismo que tanto deseas; en otras no ves sino desolación, soledad, ganas de ser aceptados, personas derrotadas,  personas desgastadas por el paso de los años, otras en igual condición pero que simulan ser  personas jóvenes.... y es que en este tribunal supremo de la vida encontraremos un sinfín de personalidades con distintos comportamientos  y espejos diferentes.

Hay ocasiones que sólo vemos en otros defectos y debilidades que nos hacen juzgarlos y criticarlos inmediatamente y es allí donde debemos prestar  suma atención  entre lo que pensamos, decimos y hacemos;  pues hay situaciones donde decimos, “es que fulanito de tal se pasa todo el día criticando", "es un desagradecido", mira como se viste" mira como habla, bla, bla, bla....”, siempre destruyendo con sus críticas, con sus burlas, la vida de los demás; pero por qué no  reconocen que "fulanito de tal  es una persona brillante,  emprendedora, exitosa, amable,  generosa,  …".  Y es que a veces es inevitable, porque ya se ha vuelto cotidiano en algunas personas criticar por criticar, señalar, burlarse, echarle leña al fuego  descuerando a otra persona. A todos nos afectan las malas críticas. Aquel que destruye con sus críticas la vida de los demás, tarde o temprano su vida será destruida con  malas energías. Hablar bien de los demás es beneficioso para la salud mental. Llénate de energías positivas, preocúpate por tí, por evolucionar tú, por sanarte tú. Empieza ahora, no pienses que es tarde para crear un nuevo hábito en tu vida, dale tu mismo el giro que necesitas para evolucionar, preocúpate por ser una mejor persona.

Es importante con quien nos relacionemos en nuestro entorno, hacer lazos verdaderos. Y es que en la medida de cómo veamos a los demás,  cómo nos expresemos  de los demás, como ver eso que tanto nos molesta en los demás, podremos ver realmente como somos nosotros mismos, ya que ellos evidencian nuestras propias resistencias y como no tenemos la valentía de reconocerlas, se las endosamos a otra persona,  resultándonos más fácil el juzgarlos y criticarlos . Recuerda que con la vara que midas, serás medido y como nos juzguemos nosotros mismos, seremos medidos por los demás. Evalúate y evoluciona.

 De nada vale alejarse de las personas pensando que ellos son los que tienen problemas, porque realmente no es así, lo que se nos está diciendo de una  u otra manera es que hay algo en nosotros que no está bien, que somos nosotros mismos los que debemos cambiar, hay algo en nuestro comportamiento, algo en nuestra forma de actuar, algo en nuestra forma de ver y afrontar la vida que no nos permite crecer, evolucionar, progresar y desarrollarnos como mejores personas.

Pienso que para liberarnos y corregir esas actitudes que no nos  permiten sanar internamente, tenemos que primero escudriñar en nosotros mismos qué es aquello que no nos gusta de otras personas, qué es eso que provoca esas reacciones y actitudes en nosotros, si de verdad queremos cambiar esa "bipolaridad" (por llamar  de alguna manera a esos cambios  inusuales  en nuestro comportamiento) que tanto nos afecta . Hay que perdonar; hay que asumir con  conciencia, amor y humildad esas heridas que te están impidiendo crecer y desarrollarte. Hay que reconocer y asumir todas esas viejas creencias, reacciones  y actitudes para corregirlas y sanarlas; pues de lo contrario estaremos atrayendo una y otra vez esos espejos "negativos" en nuestras vidas. 

Es tiempo de sanar y equilibrar todas aquellas energías y aprendizajes que nos impiden evolucionar y progresar. Pedirte perdón, pedir perdón a la persona que criticaste, juzgaste o que viste como competencia  sin serlo. (Ojo!!! No es necesario que se lo digas a la persona directamente si la situación no lo permite), díselo interiormente desde el corazón:  Yo, fulano de tal, te pido perdón por ver en ti, lo que realmente no te  pertenece…… y agradecer a esa persona por ayudarte a ver el polvo que no permitía mostrar el brillo que hay en ti. Perdónate, pide perdón y mucho agradecimiento. 

El cambio debe venir de ti y automáticamente verás cómo cambia tu entorno y la gente te empieza a ver y a percibir de otra manera. Cuando nos enfocamos en nuestro propio cambio, nos convertimos en espejos donde los otros pueden mirarse. No basta con sólo alejarte de situaciones o personas que te incomodan porque al final, siempre estarás repitiendo el mismo patrón de conducta de aquellas personas,  pero en un lugar distinto. Mientras no cambies dentro de ti, terminarás atrayendo a tu vida más de lo mismo que odias o desprecias. Recordemos que más allá de las apariencias seguimos siendo nosotros mismos, no juzguemos, no critiquemos. 


Pero ojo!!! existen otros espejos, que son los llamados "enemigos declarados", de los cuales simplemente hay que huir,  pues aún cuando tú sanes internamente, no dejarás de ser resistencia para ellos y no dejarán de verte como competencia si no sanan ellos mismos;  este tipo de personas no cesarán de darte cuchilladas desde todos los ángulos apenas cruces la puerta. 

Se necesitaría  un camión de humildad para aceptar el desafío de este tipo de personas llamadas “espejo”. Darnos cuenta que mas allá de la reacción inmediata proveniente de nuestro propio ego, podemos reaccionar y actuar con el corazón, para resolver y sanar todo tipo de conflictos en nuestras vidas; pues,  un porcentaje de la vida se te va en ir reflejando tu imagen o figura en esas vitrinas que vemos a diario de las demás personas y que con el tiempo va generando  menos interés en ser adquirida. 
  
No te desgastes, se  sincero, se tu mismo, se auténtico, acéptate tal como eres y la vida te lo devolverá en la misma tónica.
  
 “TU OPINION SOBRE EL MUNDO ES LA EXPRESIÓN DE TU PROPIO CARÁCTER“. Ralph W. Emerson.

viernes, 21 de enero de 2011

El objeto espejo


La envidia es un sentimiento negativo  muy común que hace sufrir enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos como a sus víctimas. 

Este  tipo de reacción puede ser consciente e inconsciente o formar parte de un síntoma neurótico. 

En cualquiera de los casos, la envidia es un sentimiento de frustración insoportable ante algún bien de otra persona, a la que por ello se desea inconscientemente dañar.

El envidioso es un insatisfecho, bien sea por inmadurez, represión, frustración,  que consciente o inconscientemente siente mucho rencor  y odio contra las personas que poseen algo  (bien sea belleza, dinero,  sexo,  éxito, poder, libertad,     amor,     personalidad, experiencia, felicidad, entre otros.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o percatarse de sus deseos y facultades y darles curso a su verdadera evolución, el envidioso odia y desearía destruir a toda persona que, como un espejo, le recuerda su privación.  En otras palabras, la envidia es como dicen unos autores "la rabia vengadora del impotente que, en vez de luchar por sus sueños, prefiere eliminar la competencia".

Hay muchas otros factores que originan la envidia  y esta pudiere haber sobrevenido desde la infancia, cuando el niño empieza a relacionarse con el grupo familiar, cuando se siente amenazado en su territorio y tiene un vacío  en lo que más quiere y desearía conseguir a toda costa todo lo que no posee o cree que no puede poseer. Viene dada por las comparaciones, las críticas, las ofensas, el dominio, el rechazo, la difamación, la agresión, la rivalidad, el odio, la venganza y es que suele formar parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad como por ejemplo ansiedad, trastornos obsesivos, depresión, agresividad, falta de autoestima, entre otros. 

En las relaciones personales,  la envidia está involucrada en conflictos y rupturas. a nivel sexual, emocional y en el plano de fertilidad de las mujeres, la envidia alimenta el machismo, ya que es el alimento del morbo. La envidia de los  resentidos estimula sus violencias ya que no los llevará al esfuerzo de superar o alcanzar lo que el otro tiene, sino que se recrea en su impotencia  y odia sin medida al poseedor. La envidia entre las mujeres  las lleva  a competir por talento, belleza, moda, etc, pero casi siempre viene dada como consecuencia de la baja autoestima, provocada por la inseguridad de la auto derrota emocional.  
 
Entre los valores más envidiados suelen encontrarse el reconocimiento, el prestigio, desempeño ocupacional y profesional, dinero, poder, posesiones materiales y como reacciones fruto de la envidia encontramos por ejemplo a enfermos que envidian la rebosante salud de aquellos que son más sanos; cuando hay problemas económicos, envidian  a los que nadan en abundancia; los que están tristes  envidian a los que llevan puesta una sonrisa. 

Y es que la envidia encadena una  lista de reacciones negativas, donde se mezclan  emociones contradictorias por el simple deseo de tener lo que el otro tiene; la admiración por lo que ha obtenido el otro; el dolor por no tenerlo; la indignación por considerar injusta la diferencia que se observa entre el envidiado y el envidioso, la perturbación o incertidumbre por no entender a qué se deben esas diferencias.
Por otra parte, la envidia de los narcisistas y avariciosos robustece a "sus "audiencias ya que el narcisita experimenta un hambre infatigable de destacar, de ser el centro de atención en todo lugar y momento, de ganar protagonismo,  de quedar bien por encima de todo y de todos; de ser el "más" y el "mejor" en toda circunstancia y debido a ello, muchas personas se sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia  contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. Ya no sólo es que los demás tengan cosas que ellas desean, es que las desean precisamente porque los demás las tienen. Este sufrimiento condiciona la personalidad del envidioso, de su estilo de vida y su felicidad.

La personalidad del narcicista se caracteriza por un modo de conducta que lo incapacita para ver al otro, por un patrón o visión  grandiosa de sí mismo, al cual todo el mundo debe someterse y obedecer sus puntos de vista. Las cosas más intrascendentes o de poca importancia, si se les ocurren a él o a ella, deben ser vistas suma admiración  y adulación y se jacta al manifestarla. Lo limita para poder reflexionar y valorar la realidad de la vida. Se miente a sí mismo y a los demás. Vive preocupado por su actuación y por su hambre de reconocimiento para llamar la atención. De llegar a ejercer cargos importantes, se rodearán siempre de personas que condicionalmente sean inferiores a ellos. 

Hay una frase que no está muy lejos de la realidad,  la cual señala que la envidia va unida a la admiración y que cuando admiras a alguien, siempre quieres ser como él. Cuando alguien admira, se ilumina, se llena de alegría, cuando alguien se llena de envidia, se torna amarga, propensa a indignación, triste, ensombrecida, nada le es suficiente, sólo detesta, odia y quiere quitar a los demás que lo tienen.

Otro sentimiento que puede ir de la mano con la envidia son los celos, pero son muy distintos. La envidia nace de las carencias de la persona, que quiere destruir al "objeto espejo" a costa de lo que sea, mientras que los celos, nacen del miedo a perder el afecto de la persona que se ama y que se quiere conservar. 

 La envidia sólo se cura reconociendo y resolviendo las propias carencias y facultades, a través de un proceso de crecimiento emocional, sanando y perdonando desde el corazón.
En otras palabras cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta.